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La fotosensibilidad en el arte de la fotografía – La cámara versus el ojo humano

Los avances tecnológicos en fotosensibilidad, han permitido a las cámaras igualar e, incluso, superar la capacidad natural del ojo humano.

Este 20 de febrero se celebra en Colombia el día del camarógrafo y el fotógrafo. En Clofán aprovechamos esta fecha para brindarles un reconocimiento y destacar el largo recorrido emprendido por la fotografía para alcanzar la gran calidad que vemos hoy.

Las maravillas visuales y estéticas que podemos apreciar en una fotografía, parecen logradas mágicamente cuando oprimimos un botón. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja que eso. Fueron necesarias muchas décadas de desarrollo para alcanzar tal nivel de sencillez.

Del ojo humano puede decirse lo mismo. Comprender cómo un globo ocular convierte la luz en imágenes, requirió el desarrollo de una ciencia especializada llamada oftalmología. Sin embargo, el hecho de que el ojo sea capaz de convertir la luz en imágenes, requirió millones de años de evolución.

En la fotografía, tal como la conocemos hoy, se necesitaron cerca de dos siglos.

Importancia de la fotosensibilidad en el origen de la fotografía

Fue en 1826 cuando el francés Joseph Nicéphore Niépce, después de múltiples experimentos con diversos materiales, logró plasmar la imagen de la vista desde su despacho, en una placa de peltre tratada con betún de judea, ubicada al interior de una cámara oscura. Requirió 8 horas de exposición a la luz para lograr una imagen borrosa que significó un gran avance para la humanidad.

La fotosensibilidad en la placa de peltre determinó un gran principio para la fotografía, vigente hasta el día de hoy. El papel que juega la luz en la calidad de las imágenes es fundamental.

Desde que se inventó, hasta la actualidad, las compañías fabricantes de cámaras fotográficas, han estado en una aguerrida competencia por desarrollar un sistema que permita capturar imágenes perfectamente nítidas en ínfimas condiciones de luz.

Nivel ISO y fotosensibilidad – La cámara versus el ojo humano

Cuando la fotografía era análoga, la imagen se plasmaba en rollos de celulosa o poliéster, tratados con cristales de haluros de plata, una sustancia sensible a la luz. A mayor tamaño, o mayor sensibilidad ISO, de los cristales, mayor sensibilidad del rollo, mejor iluminación de la foto. Sin embargo, mayor es también el tamaño del grano o ruido, afectando la calidad de la imagen. La sensibilidad ISO hace referencia a la cantidad de luz que requiere la cámara para capturar la imagen correctamente.

Las células de la retina cumplen la misma función en el ojo humano. Son fotosensibles e interpretan la imagen generada por la luz que pasa a través de la pupila. Sin embargo, el ojo humano registra imágenes en pocas condiciones de luminosidad con mucha más calidad que una cámara análoga.

Con la aparición de la fotografía digital, los cristales de haluros de plata fueron reemplazados por un sensor digital. Este está formado por miles de celdas fotosensibles que envían una corriente eléctrica cuando reciben luz. La sensibilidad ISO de esta celda es dada en términos de intensidad de dicha corriente eléctrica.

En una cámara análoga, la sensibilidad ISO se movía en un rango de 100 a 800. En el ojo humano se calcula que sus niveles de ISO se mueven en un rango aproximado de 25 a 60.000. Mientras que las cámaras digitales han llegado a niveles ISO superiores a los 200.000. Uno de los más recientes desarrollos de Canon es una cámara capaz de hacer fotografías con un nivel de ISO de 4.560.000.

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